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Acerca de la Teología y la Iglesia

La cosmovisión imperante en la cultura en que se desenvuelve, ha sido determinante en el desarrollo de la reflexión teológica y su puesta en práctica en la sociedad:  mientras Occidente desarrolló su cultura de una manera antropocéntrica y fundada en la observación del mundo y el hombre para llegar por esa vía  a la inferencia  teológica,  Oriente vio nacer y crecer  su  pensamiento teológico en base a una cultura teocéntrica a la espera y la escucha de la revelación divina a través de la voz misma de Dios, transmitida por sus profetas.

Así, la teología occidental, se convirtió en la reflexión humana acerca de Dios, sus características y sus atributos (tal como lo presentase ya Jenófanes allá por el s.V a.C.); mientras en Oriente, específicamente en Judea y Palestina,  la reflexión se llevaba a cabo acerca de la revelación de Dios y su injerencia en la vida del hombre.

La llegada de Jesús de Nazaret fue precedida de varios choques culturales en la región de Israel; específicamente el choque entre el helenismo y el judaísmo que estaba en plena efervescencia durante el siglo primero de nuestra era.

Esa interculturalidad es el caldo de cultivo de la primera reflexión teológica cristiana, que buscaba razonar, comprender, interpretar y a hacer pertinente el mensaje del Evangelio de Jesucristo para la humanidad.

La rápida expansión del cristianismo provocó que este choque cultural sea necesariamente asimilado por la ingente iglesia cristiana y aunque vemos intentos de sincretismo entre la filosofía y religión griega y cristiana en autores como Plotino y Filón de Alejandría, básicamente la reflexión cristiana se mantiene centrada sobre el evento Jesucristo y su relevancia para la humanidad narrado en los diversos manuscritos.

Una vez establecido el Canon de las Escrituras Cristianas en los primeros siglos de nuestra era, la teología sufre una bifurcación: mientras un grupo de teólogos mantiene su reflexión apegada a la revelación presente en estas Escrituras y a su aplicación a la vida de la iglesia, otro grupo desarrolla una teología que reflexiona sobre sí misma y sobre temas institucionales, culturales y hasta triviales. Esta bifurcación marcó el sino de la teología.

Por razones de espacio, hoy nos referiremos únicamente a la teología bíblica y a su utilidad para la iglesia y dejaremos para otra ocasión la discusión acerca de la teología institucional y su consecuencia más nefasta, la teología folklórica.

 Empecemos entonces definiendo la teología bíblica como la reflexión responsable en base a la revelación de Dios en la Biblia, sus implicaciones para el hombre y la sociedad y su necesaria contextualización para hacer pertinentes los principios e instrucciones de Dios para el hombre y la mujer contemporáneos.

Así, la teología es una herramienta para que la iglesia funcione de una mejor manera.

Es comprensible, después de la mal lograda “teología de balcón” presente en las últimas décadas del siglo pasado en nuestra Latinoamérica, que muchas Iglesias y pastores hayan manifestado sus susceptibilidades y hasta rechazo al estudio teológico, por lo que es necesario volver a la “teología de camino” qué caracterizó a la enseñanza de Jesucristo con sus discípulos, a la iglesia primitiva, a las primeras Iglesias reformadas y a otros muchos momentos gloriosos de la historia la iglesia cristiana y así  retornemos al quehacer teológico que se presente como un instrumento accesible qué pronuncia el mensaje de Dios, exponiendo su eficacia en cada nuevo contexto, como nos recomendara el teólogo y misiólogo René Padilla.

Lic. Otto Raúl Larios Micheo